El relativismo en las fiestas tradicionales
Se nos ha metido el relativismo la fiesta de Todos los Santos y en el Día de los Difuntos, celebración cristiana destinada al recuerdo y oración por los familiares fallecidos. Así nos lo explica en la RAZÓN, J. A. GUNDÍN
Halloween tiene truco
Los laicistas, que quieren cambiarle el nombre a las vacaciones de Navidad y de Semana Santa, están muy satisfechos de que el carnaval de Halloween sustituya a la fiesta de Todos los Santos y al Día de los Difuntos, celebración cristiana destinada al recuerdo y oración por los familiares fallecidos.
Al igual que otras culturas, la que tiene raíces cristianas honra a los muertos como una reafirmación de la vida. En la visita a los cementerios, en la limpieza y adorno de las tumbas y en los oficios de difuntos no existe el más mínimo regodeo en la muerte; al contrario, son actitudes que cantan a la esperanza, actos de rebeldía de los vivos frente a la desaparición inexorable. Nadie muere del todo mientras viva en el corazón de alguien, por eso, generación tras generación, los hijos han revivido la memoria de sus padres.
Como es natural, no todas las religiones ofrecen la misma visión de la muerte que el cristianismo, pero todas son profundamente respetuosas con ese tránsito final, al que dotan de una dimensión trascendente. La tradición de Halloween, rescatada del paganismo irlandés en Estados Unidos y facturada de vuelta a Europa, trivializa la muerte como antídoto o máscara para ocultar la desolación y fragilidad humanas.
Naturalmente, hoy es una fiesta comercial para la diversión, sobre todo de los más pequeños, a la que nada habría que objetar si no fuera porque se propone como alternativa o sucedáneo del día de oración por los difuntos. Del mismo modo que no creer en Dios es una opción perfectamente respetable a condición de que en su lugar no se crea en gilipolleces, festejar la noche de Halloween es perfectamente divertido a condición de no confundir a los seres queridos que han muerto con el fantasma de Freddy Krueger o el espectro de Michael Jackson.
Y parece ser que muchos padres, que ocultan a sus hijos el rostro de la muerte real para no traumatizarles, los disfrazan luego de cadáveres y de zombis para echar unas risas y escamotearles que el abuelo yace en alguna tumba sobre la que nadie ha puesto unas flores de vida y esperanza.





